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miércoles, 17 de diciembre de 2014

La inspiración del asesino...


Hace tres semanas que empecé a pasar hambre, (me negué a alimentarme con cadáveres), ―no lo puedo llamar dieta―, paso mucha hambre, en la nevera apenas hay alimentos “normales”, y yo no tengo dinero para comprarlos y, la que tiene, ―mi hermana―, prefiere esconder lo poco que compra para comérselo ella. ―Aunque si le preguntaran diría que lo que hay es para los dos―. Y eso, y pese a todo, a que yo anteriormente puse dinero para pagar piso y demás gastos, incluida la comida para los dos. Aunque la que compra ella ahora… no, esa comidaesa no, ¡no puedo! ¿Triste, verdad? Y pensar que fui yo quien la introdujo en este cruel mundo del canibalismo… yo mismo “cazaba” las piezas.
Para que no tenga remordimientos la engaño y digo que estoy a dieta, ―en parte es verdad, eso me ayudará a olvidar lo que fui, «qué remedio». No le puedo guardar rencor, creo que me merezco pasarlo mal, todo lo que soy o me lleve en la vida me lo merezco por cobarde e indeciso… o perezoso y vago, que no lo sé.
Tengo hambre… ¡maldigo el día en que decidí probarla!

 No puedo negarlo, tengo mucha hambre… pero, espero que eso me ayude a tomar una decisión que, o bien me levante el ánimo o, (me lo acabe de tumbar).
Qué difícil es tener inspiración así… no consigo entender cómo los clásicos lograban escribir sus historias pasando tanta hambre como pasaban, increíble en verdad, eso sí que es mérito, escribir con el estómago vacío y sin saber si al día siguiente lo van a poder llenar.
Lo reconozco, me puede el hambre y mi inspiración es nula. A duras penas logré acabar mi novela de “La doble cara de la muerte”. Aunque he de reconocer que le falta aún varias revisiones y correcciones de estilo. En fin, poquito a poco, que no se hizo el mundo en dos días, sino, en siete. (Eso dice la biblia, cosa que yo no me creeré jamás). Prefiero creer que el mundo tan solo es fruto de una casualidad.
En detrimento de mi obra, me sigo negando a alimentarme con cadáveres.

Mientras dejaré lo poco que aún queda en la nevera de la última presa a la que di caza  para mi hermana y, yo… seguiré pasando hambre y soñando iluso que todo se arreglará.