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viernes, 19 de diciembre de 2014

EL PREMIO DE JAVIER


Javier, corría, corría como un desesperado. Su corazón, muy joven y avezado, no tenía límites.
Saltaba por encima de los peñascos, de los arbustos y de cuantos estorbos se le interponían.
Su cabeza no se giró ni una sola vez hacia atrás. Solo tenía una meta en la cabeza… un destino. Se lo dejaron bien claro; “Nunca gires la cabeza ni mires hacia atrás”. Y él, corría y corría…
 y aunque en su respiración se le notaba que estaba cada vez más agitado y exhausto, él, no desaceleraba el paso.
¡Ya estaba allí! ¡Su meta…! la veía bien clara al final de aquel cerro, en aquel claro de bosque…
Sí, era verdad, y,  tal como le dijeron; “Al final del cerro encontrarás a la bella Mercedes, ella te dará tú premio.”
Y, ¡allí estaba ella, radiante, recostada en un diván, bella y lánguida, con esa belleza infantil de sus dieciocho años recién cumplidos!
Por fin, Javier llegó  a los pies de la hermosa Mercedes y, sin dudarlo un segundo, se hincó de rodillas, solemne y dispuesto para recibir su premio merecido. Tan rápido se agachó que no pudo ver los ojos satánicos de la joven, brillantes y ebrios de poder, ni el largo cuchillo que, astutamente,  ocultaba a sus espaldas. Por supuesto, tampoco se enteró, cuando, lo que él pensaba era una caricia en su cabeza, en realidad fue sujetarle el pelo con una mano y con la otra segarle el pescuezo, todo a la vez. 
Tampoco pudo escuchar su risa y su voz de loca gritando y alzando la chorreante cabeza del joven en la mano;

 ¡Gracias padre por mi “regalo de cumpleaños”!